Muévete por tu Casa
- hace 4 horas
- 3 min de lectura

No te quedes esperando que tu familia cambie; sé la persona que Dios puede usar para comenzar el cambio.
1. Muévete porque tu casa también está en los planes de Dios
Rahab no tenía precisamente el mejor historial. Vivía en Jericó, una ciudad destinada a ser destruida. Sin embargo, cuando escuchó lo que Dios estaba haciendo, tomó una decisión.
Ella pudo pensar:
“Yo no puedo hacer nada por mi familia.”
Pero hizo exactamente lo contrario. Se movió.
Josué 2:12-13 muestra que Rahab no pidió solamente por ella: “Salvadme la vida a mí, a mi padre y a mi madre, a mis hermanos y hermanas, y a todo lo que es suyo.”
Rahab entendió algo: mi fe no solamente puede cambiar mi destino; puede afectar el destino de mi casa.
Hay familias que están viviendo:
divorcios,
hijos alejados,
matrimonios en crisis,
padres que no conocen a Cristo,
hermanos que están destruidos,
generaciones que han heredado patrones negativos.
El pasado de tu familia no tiene que convertirse en el futuro de tu familia.
Quizás tú eres la primera persona de tu casa que está buscando a Dios seriamente.
No eres poca cosa. Puedes ser el comienzo de una nueva historia.
2. No subestimes lo que puede hacer una persona que decide creer
Testimonio:
“Quizás mi mamá no sabía todo lo que Dios iba a hacer con sus hijos. Quizás solamente estaba tratando de sacar adelante a su familia. Pero cada oración, cada decisión, cada sacrificio y cada vez que decidió permanecer firme estaba construyendo un legado que todavía continúa.”
El legado espiritual normalmente comienza mucho antes de que veamos sus resultados.
Una madre orando por sus hijos.
Un padre enseñando a sus hijos a buscar a Dios.
Un matrimonio decidiendo permanecer.
Un joven decidiendo romper con una generación de pecado.
Una persona diciendo: “En mi casa comienza algo diferente.”
3. Muévete por la salvación de tu familia
Hay cosas por las que podemos orar, pero la salvación de nuestra familia no puede convertirse en un tema secundario.
A veces somos muy insistentes con Dios por:
trabajo,
dinero,
casa,
salud,
proyectos,
oportunidades.
Pero ¿cuánto insistimos por nuestros hijos?
¿Cuánto insistimos por nuestro esposo o esposa?
¿Cuánto insistimos por nuestros padres?
¿Qué pasaría si durante los próximos 12 meses dejaras de perseguir solamente las bendiciones de Dios y comenzaras a perseguir la salvación de tu casa?
Muévete para orar.
Muévete para perdonar.
Muévete para hablar.
Muévete para pedir perdón.
Muévete para invitar.
Muévete para restaurar relaciones.
Muévete para llevar a tus hijos a Dios.
La fe que no produce movimiento termina convirtiéndose solamente en intención.
4. Pon el cordón escarlata en tu ventana
Rahab recibió una instrucción: colocar el cordón escarlata en la ventana.
La cuerda sería una señal de que aquella casa debía ser preservada.
En Éxodo, la sangre señalaba las casas que serían preservadas. En Rahab, el cordón escarlata marcaba una casa que sería preservada en medio del juicio.
Y nosotros miramos hacia Cristo.
Nuestra esperanza no está en un cordón, ni en un objeto, ni en un ritual. Nuestra esperanza está en la sangre de Jesucristo.
“Hoy no estamos poniendo una cuerda roja en nuestras ventanas. Estamos diciendo: ‘Jesús, mi casa te pertenece’.”
Pero cuidado con convertir esto en una fórmula mágica. La aplicación espiritual debe ser: La sangre de Cristo no es un amuleto; es nuestra confianza en la obra de Jesús.
Y esa confianza debe producir una vida diferente dentro de la casa.
Porque no tiene sentido decir: “Jesús está sobre mi casa”
Mientras dentro de ella:
no hay perdón,
no hay oración,
hay violencia verbal,
hay indiferencia,
nadie habla de Dios,
los hijos solamente ven una fe de domingo.
La cobertura espiritual debe estar acompañada de obediencia espiritual.
¿Por quién tienes que moverte?
Preguntas:
¿Tu hijo?
¿Tu hija?
¿Tu esposo?
¿Tu esposa?
¿Tus padres?
¿Un hermano?
¿Toda tu familia?
Y después:
“Quizás tú no puedes cambiar a toda tu familia esta noche. Pero sí puedes cambiar tu posición esta noche.”
Declara:
“Yo no voy a quedarme sentado viendo cómo mi casa se destruye. Voy a orar. Voy a perdonar. Voy a buscar a Dios. Voy a hablar. Voy a servir. Voy a perseverar. Voy a creer. Porque mi casa está en los planes de Dios.”
Y finalmente: “Muévete por tu casa.”
No porque tengas garantías de que todo será fácil.
No porque tengas el control de las decisiones de los demás.
Sino porque cuando una persona decide ponerse en las manos de Dios, Dios puede comenzar una historia completamente nueva desde esa casa.

Nuestra oración es que Dios te hable de manera personal y que encuentres la dicha de pasar tiempo en Su presencia cada día. Con mucho amor, Pastores Douglas y Marcia Vergara.

Comentarios