Mi casa y yo II
- hace 3 días
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A menudo, cargamos con etiquetas que no pedimos: "la familia del divorcio", "la casa del alcoholismo", "los que siempre fracasan". Creemos que nuestro pasado es una sentencia, pero la historia de una mujer llamada Rahab nos demuestra que Dios no ve tu pasado, Él ve tu fe.
1. El Pasado no es un Destino
Rahab vivía en Jericó y tenía una etiqueta social pesada: era prostituta. Para muchos, ella era el eslabón perdido de una sociedad en juicio. Sin embargo, cuando los espías de Israel llegaron a su puerta, ella no vio una amenaza, sino una oportunidad de salvación.
Muchos de nosotros nos sentimos avergonzados por lo que vivimos en casa —maltratos, adicciones o separaciones—. Pero así como Rahab, debemos entender algo fundamental: Si tú cambias, tu familia puede cambiar. La transformación comienza con una persona que decide creerle a Dios por encima de sus circunstancias.
2. El Poder del "Cordón Rojo"
La instrucción para Rahab fue clara: debía colgar un cordón de color escarlata en su ventana. Ese cordón no era solo una señal para los espías; era un símbolo de la sangre de Jesús.
Protección en la crisis: Mientras las murallas de Jericó caían, la casa de Rahab permaneció firme.
Cobertura familiar: Ella no se salvó sola; reunió a sus padres, hermanos y parientes. Su fe intercedió por los que amaba.
Hoy, ese "cordón rojo" sigue vigente. Cuando aplicamos la sangre de Cristo sobre nuestro hogar, los ciclos de maldición se rompen. El alcoholismo, la escasez y la soledad no tienen la última palabra.
3. Un Legado de Realeza
Lo más impresionante de Rahab no es solo que sobrevivió, sino lo que construyó después. Al integrarse al pueblo de Dios, su vida fue restaurada por completo:
Se casó con Salmón y tuvo un hijo llamado Booz (un hombre íntegro y generoso).
Su nieto fue Obed, quien trajo consuelo a una familia restaurada.
Su tataranieto fue nada menos que el Rey David.
¡De la muralla de Jericó al trono de Israel! Esa es la economía de Dios: Él toma lo que el mundo avergüenza y lo posiciona en lugares de honra.
4. El Legado es lo que no se ve
Podemos heredar casas o dinero, pero el mayor legado es el espiritual. Como familia, hemos visto milagros: desde diagnósticos médicos imposibles hasta la restauración de generaciones. Nuestros hijos nos observan; ellos son la "Biblia" que el mundo lee a través de nuestras acciones.
Si Dios pudo usar a una mujer extranjera y pecadora para cambiar la genealogía de Jesús, ¿qué no podrá hacer con tu familia si te atreves a creer?

Nuestra oración es que Dios te hable de manera personal y que encuentres la dicha de pasar tiempo en Su presencia cada día. Con mucho amor, Pastores Douglas y Marcia Vergara

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