Mi casa y yo
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"Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová." Josué 24:15
La familia es el corazón de Dios. Sin embargo, vivimos en una sociedad que, bajo la bandera del "respeto" y la "tolerancia", intenta desdibujar los valores del hogar. A menudo nos resignamos a ser los "únicos cristianos" de la familia, aceptando con pasividad que nuestros padres, hermanos o hijos sigan caminos lejos. Pero la historia de Rahab, una mujer con un pasado difícil en una ciudad destinada a la destrucción, nos enseña que una sola persona puede cambiar el destino de todo su linaje. No se trata de religión, sino de una determinación: "Mi casa y yo serviremos al Señor".
1. Dios no se ha olvidado de tu familia
Aunque te sientas solo en tu fe, Dios tiene un mapa de tu hogar. Rahab vivía en Jericó, una ciudad sumida en la idolatría y el pecado, pero Dios envió espías específicamente a su casa. Esto no fue coincidencia; fue una cita divina.
El Principio: Tu debilidad puede convertirse en la fortaleza de Dios. Rahab era una ramera, alguien sin "conducta", pero fue el instrumento de salvación.
La Acción: Abre la puerta de tu hogar. Permitir que se ore o se predique en tu casa (aunque sea una casa humilde) crea un ambiente donde el Espíritu Santo comienza a trabajar, incluso en los que cierran la puerta con fuerza.
“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” Lucas 19:10
2. Reconocer al Dios Verdadero
La familia cambia cuando hay un reconocimiento de quién es Dios realmente. Rahab confesó que el Dios de Israel era el Dios de arriba en los cielos y abajo en la tierra.
Relación, no religión: Tu familia no necesita ver a un "religioso" perfecto, sino a alguien que tiene una relación real con un Dios vivo.
La promesa para el que cree: La misericordia de Dios es tan expansiva que, cuando un solo miembro de la familia reconoce la verdad, se abre una ventana de gracia para todos los demás.
“Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.” Hechos 16:31
3. La Fe Verdadera te lleva a Interceder
La fe no es pasiva; la fe clama. Rahab no pidió solo por ella, ella negoció por la vida de su padre, su madre, sus hermanos y todo lo que les pertenecía.
Pelear por ellos: Interceder es clamar incluso cuando las cosas parecen empeorar. Si tu oración genera resistencia o burlas, es señal de que estás afectando el mundo espiritual.
Persistencia: Como en el testimonio de tu padre (el "Duro de Matar"), la intercesión puede durar años, pero Dios escucha cada oración y utiliza a las personas menos esperadas (como tu esposa) para dar el golpe final al corazón más duro.
“Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé.” Ezequiel 22:30
4. La Unidad como Refugio
El mandato para la salvación de la familia de Rahab fue claro: debían estar reunidos en su casa. La salvación florece en la unidad.
Limpiar el pasado: A veces, para traer unidad, debemos pedir perdón por nuestro propio fanatismo o errores (como romper el "sagrado corazón"). El orgullo es el mayor enemigo de la restauración.
El Cordón de Grana: La señal en la ventana de Rahab representaba la protección. Debemos esforzarnos por mantener a nuestra familia "dentro de la casa" del amor y el perdón, creando espacios para compartir y sanar heridas.
“¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!” (Salmo 133:1)
Conclusión
La historia de Rahab termina con ella no solo siendo salva, sino formando parte de la genealogía de Jesús. Lo que comenzó en una casa de prostitución en Jericó terminó en el linaje del Mesías. Esto nos dice que Dios no solo rescata a tu familia del desastre, sino que la transforma para dejar un legado eterno. No te resignes al estado actual de tu hogar. Si Dios pudo transformar a un padre ateo y revolucionario, y a una madre religiosa resistente, Él puede hacer lo mismo con los tuyos. ¡Tu casa y tú servirán al Señor!

Nuestra oración es que Dios te hable de manera personal y que encuentres la dicha de pasar tiempo en Su presencia cada día. Con mucho amor, Pastores Douglas y Marcia Vergara

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