Grita: Resuelve tus pendientes

Los terremotos de la vida tienen una manera de mostrarnos cuáles son realmente nuestros pendientes más importantes.
“No esperes otro terremoto para resolver lo que Dios ya te pidió que arreglaras.”
1. El terremoto revela lo que realmente importa
Hechos 16:25-26
Pablo y Silas están golpeados, encarcelados y sujetos con los pies en el cepo.
Y entonces sucede algo inesperado:
“Sobrevino de repente un gran terremoto…”
Las puertas se abren. Las cadenas se sueltan.
Pero el verdadero milagro no fue solamente que se abrieran las puertas de una cárcel.
El verdadero milagro estaba a punto de suceder dentro del corazón del carcelero.
Hay terremotos que no son geológicos.
Hay terremotos emocionales:
una enfermedad;
una crisis matrimonial;
perder el trabajo;
una crisis económica;
la muerte de alguien;
un hijo que se aleja;
una crisis espiritual.
Y cuando todo comienza a temblar, nuestras prioridades cambian.
De repente descubrimos: “Esto no era tan importante.”
Y también: “Esto sí debí haberlo resuelto.”
2. Hay pendientes que no puedes seguir posponiendo
El carcelero piensa que todo está perdido.
“Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y quiso matarse…” - Hechos 16:27
Pero Pablo grita:
“No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí.”
Aquí aparece una de las ideas más poderosas de la prédica: Pablo gritó vida.
El terremoto había provocado una crisis, pero Pablo decidió utilizar su voz para salvar una vida.
Hay personas que están atravesando terremotos y necesitan escuchar un grito diferente.
No necesitan que les digamos:
“Te lo dije.”
Necesitan escuchar:
“No te rindas.”
“Todavía hay esperanza.”
“Dios no ha terminado contigo.”
“No tomes una decisión permanente por un momento difícil.”
Y aquí podemos conectar con la serie “Grita”:
Hay momentos en los que Dios no solamente quiere que grites por ti.
Quiere que grites por alguien más.
3. El pendiente más importante
Entonces el carcelero hace una pregunta:
“Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?” - Hechos 16:30
Esta es la pregunta que cambia completamente la historia.
No preguntó:
“¿Cómo recupero mi dinero?”
“¿Cómo arreglo mi trabajo?”
“¿Cómo recupero mi reputación?”
“¿Cómo soluciono mis problemas?”
Preguntó: “¿Qué debo hacer para ser salvo?”
Y aquí está el corazón del mensaje:
Hay muchos pendientes en nuestra vida, pero solamente uno tiene prioridad eterna: nuestra relación con Dios.
Podemos tener:
pendientes económicos;
pendientes familiares;
pendientes laborales;
pendientes emocionales;
pendientes ministeriales.
Pero antes de todos ellos está: Mi relación con Dios.
Porque puedes tener la casa en orden y el corazón desordenado.
Puedes pagar todas tus deudas y seguir debiéndole algo a Dios.
Puedes tener éxito profesional y estar espiritualmente vacío.
Puedes tener una familia aparentemente perfecta y estar lejos del Señor.
4. Cuando arreglas tu relación con Dios, empiezas a arreglar lo demás
Aquí sucede algo precioso.
El carcelero no solamente creyó.
Su fe produjo acciones.
“Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas…” - Hechos 16:33
¡Esto es impresionante!
Unas horas antes, Pablo y Silas estaban bajo su custodia.
Ahora está lavando sus heridas.
El carcelero entendió: “Hay cosas que tengo que resolver.”
Tal vez nunca había pensado: “Algún día voy a lavar las heridas de estos hombres.”
Pero ahora entiende que su encuentro con Dios exige una respuesta.
5. No todo se resuelve con "perdóname"
Hay pendientes que requieren acción.
Si heriste a alguien:
pide perdón.
Si tienes algo contra alguien:
perdona.
Si abandonaste a alguien:
regresa.
Si prometiste algo:
cumple.
Si tienes que agradecer:
agradece.
Si tienes que abrazar:
abraza.
Si tienes que hacer una llamada:
hazla.
Porque una de las frases más dolorosas que podemos cargar es:
“Debí haberlo hecho.”
“Debí haberlo llamado.”
“Debí haberle dicho que lo amaba.”
“Debí haber pedido perdón.”
“Debí haber regresado.”
“Debí haber cumplido.”
“Debí haber arreglado las cosas.”
6. Haz tu lista de pendientes
Aquí podemos hacer una aplicación congregacional muy fuerte.
Invitar a cada persona a imaginar que delante de Dios tiene una lista.
Mi lista de pendientes:
Pedir perdón
Perdonar
Llamar a alguien
Abrazar a mis hijos
Decir “te amo”
Dar gracias
Restaurar una relación
Cumplir una promesa
Servir a alguien
Restituir algo que hice mal
Volver a buscar a Dios
Cumplir mis compromisos con Dios
Y aquí entraría el tema del diezmo, pero cuidaría la forma de presentarlo.
No como:
“Si no diezmas, tienes un pendiente con Dios.”
Sino como:
“Hay compromisos que hicimos con Dios en momentos de fe que no debemos olvidar cuando llega la comodidad.”
La idea es integridad y obediencia, no manipulación.
7. No esperes otro terremoto
Esta podría ser la gran conclusión.
El carcelero tuvo un terremoto.
Pero nosotros no necesitamos esperar uno.
Porque Dios ya nos está hablando.
Quizá mientras escuchas esta prédica, el Espíritu Santo ya te recordó un nombre.
Una persona.
Una conversación.
Un perdón.
Una deuda.
Una promesa.
Una decisión.
Una relación.
Un llamado.
Algo que llevas meses o años posponiendo.
Y Dios te está diciendo: “Resuélvelo.”
No mañana.
No cuando tengas más tiempo.
No cuando la otra persona dé el primer paso.
No cuando desaparezca tu orgullo.
Hoy.
Porque quizá nunca podamos controlar cuándo llegará el próximo terremoto.
Pero sí podemos decidir qué hacemos hoy con los pendientes que Dios puso delante de nosotros.
“No esperes que la vida te sacuda para darte cuenta de lo que realmente importa.”
Grita vida. Grita esperanza. Grita salvación. Pero después de gritar… levántate y resuelve tus pendientes.

Nuestra oración es que Dios te hable de manera personal y que encuentres la dicha de pasar tiempo en Su presencia cada día. Con mucho amor, Pastores Douglas y Marcia Vergara.

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