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Grita: Por salvación

hace 2 horas
3 min de lectura

Jesús no quiere solamente ser nuestro Salvador; quiere ser el Señor de nuestra vida.


1. Podemos estar cerca de Jesús y todavía tener miedo

“¿Por qué teméis, hombres de poca fe?” — Mateo 8:26

Los discípulos estaban literalmente en la misma barca que Jesús, pero la tormenta reveló lo que había dentro de ellos.Estar cerca de Jesús, asistir a la iglesia o conocer la


Biblia no necesariamente significa que hemos aprendido a confiar plenamente en Él.


¿En qué áreas de mi vida digo confiar en Jesús, pero todavía intento tener yo el control?


2. No es lo mismo estar cerca de Jesús que pertenecerle


Judas caminó con Jesús, escuchó sus enseñanzas y presenció milagros. Sin embargo, estar físicamente cerca de Cristo no produjo una rendición genuina de su corazón.


Esto nos lleva a una pregunta mucho más profunda:

¿Conozco a Jesús solamente como mi Salvador, o realmente es mi Señor?

La salvación no debe reducirse a una decisión hecha en el pasado. El evangelio llama al arrepentimiento, a la fe y a una vida que progresivamente es transformada por Cristo.


3. El verdadero arrepentimiento cambia nuestra dirección


Jesús no nos llama simplemente a pedir perdón para continuar viviendo de la misma manera.

“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.” — Mateo 16:24

Seguir a Cristo implica renunciar al derecho de gobernarnos a nosotros mismos.


No significa que una persona nunca volverá a fallar. Significa que ya no quiere vivir deliberadamente gobernada por el pecado.


¿Qué tendría que cambiar en mi vida si realmente Jesús fuera el dueño de todo?


4. Necesitamos recuperar el temor de Dios


El temor de Dios no significa vivir aterrorizados de Él. Significa reconocer quién es Dios y tratarlo con reverencia, obediencia y seriedad.


El problema aparece cuando intentamos vivir con dos señores:

  • Dios los domingos, pero el mundo durante la semana.

  • Fe en público, pero una vida diferente en privado.

  • “Jesús es mi Señor”, pero “yo decido qué obedezco”.

“¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios?” — Santiago 4:4

La pregunta no es solamente:

“¿Creo en Jesús?”


Sino:

“¿Mi vida demuestra que Jesús es mi Señor?”


5. La pregunta que debemos llevarnos a casa


La enseñanza puede terminar no con una pregunta sobre lo que otros deberían cambiar, sino con una pregunta personal:

“Señor, ¿qué quieres que yo haga?”

Esa fue la actitud de Pablo cuando se encontró con Cristo:

“Señor, ¿qué quieres que yo haga?” — Hechos 9:6

Esa oración cambia completamente nuestra perspectiva.


No:

“Señor, bendice mis planes.”


Sino:

“Señor, muéstrame tus planes.”


No:

“Señor, ayúdame a conservar lo que quiero.”


Sino:

“Señor, dime qué debo entregarte.”


Cierre


Invitar a todos a ponerse de rodillas y guardar unos minutos de silencio.

Después, pedirles que oren personalmente:

“Señor Jesús, no quiero solamente recibir tu salvación. Quiero pertenecerte. Muéstrame qué áreas de mi vida todavía estoy gobernando yo. Dame un corazón arrepentido, enséñame a temerte y ayúdame a rendirme completamente a tu voluntad. Hoy te pregunto sinceramente: Señor, ¿qué quieres que haga?”

La pregunta no es solamente si Jesús está en nuestra barca.


La pregunta es: ¿quién está al timón de nuestra vida?



Nuestra oración es que Dios te hable de manera personal y que encuentres la dicha de pasar tiempo en Su presencia cada día. Con mucho amor, Pastores Douglas y Marcia Vergara.

 
 
 

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