Grita: Por misericordia

La fe que espera un milagro no permanece pasiva: cambia de dirección, clama, se acerca a Jesús, escucha su palabra y responde con obediencia.
Hay momentos en los que uno ya no sabe qué hacer.
Has intentado resolverlo con tus fuerzas. Has buscado consejos. Has trabajado más. Has esperado. Has orado.
Pero la respuesta todavía no llega.
Y es precisamente ahí donde muchas veces Dios comienza a desarrollar algo más profundo en nosotros: la fe.
Mateo 9 nos presenta a dos hombres que tenían una limitación que les impedía ver, pero que tenían algo que sí podían hacer: podían clamar.
“¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David!”
Ellos no podían ver a Jesús, pero sabían que Jesús estaba pasando cerca.
Y algunas veces eso es todo lo que necesitamos saber: Jesús está cerca.
1. Cambia de dirección
Mateo 9:27 dice:
“Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos…”
Hay algo interesante: eran ciegos, pero caminaban.
No tenían visión física, pero tenían suficiente fe para cambiar su dirección.
No podían ver el camino, pero podían seguir a Jesús.
Aquí comienza el proceso del milagro.
Antes de que Dios cambie una circunstancia, muchas veces quiere cambiar nuestra dirección.
Hay personas que están pidiendo:
“Señor, bendice mis finanzas.”
Pero continúan tomando decisiones financieras contrarias a la Palabra.
“Señor, restaura mi familia.”
Pero siguen alimentando resentimiento, orgullo y falta de perdón.
“Señor, úsame.”
Pero no quieren servir.
“Señor, dame un nuevo comienzo.”
Pero continúan caminando hacia las mismas decisiones que produjeron el problema.
No podemos pedirle a Dios que bendiga una dirección que Él nos está pidiendo abandonar.
¿Hacia dónde estás caminando?
Revisa:
tu matrimonio;
tu familia;
tus finanzas;
tus amistades;
tu trabajo;
tu vida espiritual;
tus pensamientos;
tus hábitos.
Tal vez el primer milagro que necesitas no es que Dios cambie tu circunstancia.
Tal vez necesitas que Dios cambie tu dirección.
2. La fe aprende a clamar
Los ciegos comenzaron a gritar:
“¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David!”
No pidieron explicaciones.
No pidieron justicia.
Pidieron misericordia.
La misericordia significa reconocer:
“Señor, necesito que hagas por mí lo que yo no puedo hacer por mí mismo.”
El clamor nace cuando reconocemos nuestra dependencia de Dios.
Hay una diferencia entre decir:
“Dios, ayúdame.”
y realmente llegar al punto de decir:
“Señor, si tú no intervienes, yo no puedo.”
Ahí comienza un nivel diferente de fe.
La fe verdadera se mueve.
La fe: camina, clama, se acerca, escucha, responde y actúa.
No es solamente emoción.
No es solamente levantar las manos.
No es solamente gritar en un culto.
Es una confianza en Dios que termina produciendo acción.
3. Del clamor público al clamor privado
Hay algo poderoso en la historia.
Los hombres comenzaron clamando públicamente, pero Jesús finalmente los llevó a un espacio privado.
Mateo 9:28:
“Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos…”
Jesús los llevó a la casa.
Hay momentos donde Dios quiere sacarnos del ruido para encontrarnos con Él en privado.
Porque hay una fe que funciona en la congregación:
“¡Gloria a Dios!”
“¡Amén!”
“¡Aleluya!”
Pero existe otra fe que se demuestra cuando estás solo en tu habitación.
Cuando nadie te ve.
Cuando nadie te escucha.
Cuando solamente estás tú y Dios.
El clamor público no sustituye la intimidad privada.
Puedes estar en la iglesia y no estar cerca de Jesús.
Puedes cantar acerca de Jesús y no buscar su presencia.
Puedes escuchar predicaciones y no obedecer su Palabra.
Puedes levantar las manos y mantener el corazón lejos.
Por eso necesitamos recuperar:
oración;
intercesión;
ayuno;
lectura de la Palabra;
servicio;
obediencia.
4. Jesús pregunta: “¿Creen que puedo hacer esto?”
Mateo 9:28:
“¿Creéis que puedo hacer esto?”
Jesús no les pregunta:
“¿Entienden cómo lo voy a hacer?”
Les pregunta:
“¿Creen que puedo?”
Porque la fe no necesita conocer cómo Dios hará el milagro.
Necesita confiar en quién puede hacerlo.
No sé cómo Dios va a resolver mi problema.
Pero sé quién es Dios.
No sé cuándo llegará la respuesta.
Pero sé quién sostiene mi vida.
No sé cómo será la restauración.
Pero sé quién restaura.
Y ellos respondieron:
“Sí, Señor.”
Dos palabras.
Pero detrás de esas palabras había todo un proceso.
Habían cambiado de dirección.
Habían caminado detrás de Jesús.
Habían clamado.
Habían perseverado.
Habían llegado hasta Él.
Y ahora tenían que responder a su pregunta: “¿Crees?”
5. La fe responde con obediencia
Mateo 9:29:
“Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho.”
Jesús relaciona la experiencia de estos hombres con su fe.
Pero hay que entender algo: la fe bíblica no es simplemente pensar positivamente que algo sucederá.
La fe bíblica produce una respuesta.
Si creo que Dios me llama a ordenar mis finanzas, comienzo a ordenar mis finanzas.
Si creo que Dios quiere restaurar mi matrimonio, comienzo a cambiar mi manera de tratar a mi esposo o esposa.
Si creo que Dios quiere usarme, comienzo a servir.
Si creo que Dios me llamó a algo, comienzo a caminar.
La fe no solamente espera el milagro. La fe prepara el corazón para recibir lo que Dios quiere hacer.
Conclusión
Los dos ciegos nos enseñan un proceso:
1. Cambiaron de dirección: “Le siguieron.”
2. Clamaron: “Ten misericordia de nosotros.”
3. Se acercaron: “Vinieron a él.”
4. Escucharon: “¿Creéis que puedo hacer esto?”
5. Respondieron: “Sí, Señor.”
6. Recibieron: “Conforme a vuestra fe os sea hecho.”
Ese es el proceso.
Camina
Clama
Acércate
Escucha
Responde
Obedece
Y confía en Dios.
Porque quizá llevas mucho tiempo esperando una respuesta.
Quizá has orado y todavía no ves nada.
Quizá estás desesperado.
Entonces hoy no necesitas fingir que todo está bien.
Necesitas clamar.
No solamente delante de la iglesia.
Clama en tu casa.
Clama en tu habitación.
Clama mientras manejas.
Clama cuando nadie te está viendo.
Y dile:
“Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí.”
Y cuando Jesús pregunte:
“¿Crees que puedo?”
Que nuestra respuesta sea:
“Sí, Señor.”
No porque sepamos cómo lo hará.
No porque sepamos cuándo lo hará.
Sino porque sabemos quién es Él.
“Cuando ya no puedas ver el camino, sigue a Jesús. Cuando ya no tengas respuestas, clama a Jesús."

Nuestra oración es que Dios te hable de manera personal y que encuentres la dicha de pasar tiempo en Su presencia cada día. Con mucho amor, Pastores Douglas y Marcia Vergara.

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